miércoles, 19 de mayo de 2010

Un México Secuestrado

Tengo que adminitir que el día de hoy escribo con profunda tristeza. Porque el México en el que hoy vivimos es uno en donde las oportunidades de trabajo son escasas, en donde la delincuencia se apodera  cada vez más de nuestros ánimos, pareciera que es de nuestro miedo de lo que se nutren. Es uno en donde el gobierno cada vez es más ineficiente.
La semana pasada asesinaron a un candidato del PAN en Tamaulipas, el viernes es secuestrado/ desaparecido el ex candidato presidencial Diego Fernández de Cevallos y hoy matan a un ex general. Pero meses pasados mataron a estudiantes de excelencia en Nuevo León en un fuego cruzado entre el crimen organizado y los militares y atacaron a la responsable de la seguridad en Michoacán, en todos lados corre sangre.
Vivimos en el país que tiene la ciudad más insegura del mundo sin estar en guerra, somos un país de primeros lugares en las peores cosas: el más inseguro, uno de los más poblados, el más obeso, el que más toma refresco. ¿Por qué no podemos ser ejemplo de algo positivo? ¿Por qué no podemos esforzarnos en vivir en un país seguro, en donde nos respetemos todos? ¿Por qué no vivir en un país con índices de alfabetismo altos o con políticos comprotetidos con las causas para las que se les eligen?
Mucha gente ha dicho que como en 1810 y 1910 hubo revueltas sociales, es sólo lógico que este 2010 pase lo mismo. A veces quiero pensar que no será así, si nos levantamos "en armas" vamos a destruir a la raza mexicana con toda esta alta tecnología  en armamento con la que ya se cuenta; pero otras veces pienso que las condiciones de vida de nuestro país nos están orillando a que pidamos a fuerza de golpes un cambio. Porque estamos hartos y porque es agotador salir y voletar a todos lados, no vaya a ser que hoy nos toque la mala suerte.
Después de enterarme que DFC estaba desaparecido sentí un gran agujero en el estomago y me embargo una profunda tristeza; y no porque estime al señor, le respeto porque es un político con agallas, pero no fue por él sino por lo que desaparición podría significar.
Estamos ante una situación muy parecida a la que vivió Colombia su propia guerra contra el crimen organizado; ¿no aprendimos nada de esa lección? ¿por que nos esforzamos en experimentar por nuestra propia cuenta? ¡Esto solo es valido en ciertas experiencias de la vida!
Si son problemas familiares o con algun cliente, si es una pugna dentro de su propio partido, si es la guerrilla (que ayer salio el EPR a decir que ellos no lo tienen) o si es el narco. La verdad es que la razón ahora es lo de menos, si algo, cualquiera que sea el motivo de esta desaparición, sólo reforzará esta idea de que se esta desafiando al grupo en el poder y poner a prueba toda la maquinaria de poder del país.
A ese ejército que ahora no puede regresar a cuartel porque sería demostrar la derrota, a ese Procurador que no queriamos ahí porque en Ciudad Juárez no hizo un buen papel, a ese Secretario de Gobernación, cercanísimo de DFC, que desafió a FeCal al no estar de acuerdo con las alianzas y a ese Presidente que decidió hacer la lucha contra el narcotráfico la gran bandera de su gobierno. Esa guerra que evidentemente va perdiendo y que ha tenido más daños colatereales de los que el Presidente se hubiera imaginado.
Aquél valiente, huevudo que se llevó a Fernández de  Cevallos sabía perfectamente el clima de ansiedad, desasociego, desconcierto, inestabilidad y miedo que iba a crear. Sino lo sabía, hoy debe estar llorando y pegandose de topes en la casa de secuestro por no saber como va a resolver esto sin salir herido.
Sea quien sea que tuvo el valor de llevarse a un personaje tan polémico como DFC el viernes firmó su sentencia de muerte.
Vivimos con miedo, pánico, desasociego, incertidumbre, coraje, enojo... vivimos en un México secuestrado por la ineficiencia e incopetencia de un gobierno que le pareció fácil meterse a pelear con los hombres más fríos y sanguinarios del crimen. Vivimos en un México secuestrado por el crimen, la inseguridad y la falta de luz al final del camino ...
Que alguien pague nuestro rescate por favor!

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